MIS ENSAYOS LITERARIOS

EL CUENTO DE RÓMULO GALEANA

Rómulo Galena llegó hace un tiempo al Valle de las Alondras. Fue invitado por el Gobernador del estado a donde pertenece el municipio alondrense que por esos tiempos, se encontraba en guerra ideológica con un pueblo vecino llamado El Rincón de Páramo.

Conocedor en las artes de la guerra, la autoridad le pidió que viera la forma de sustituir las balas de plomo y plata, por que la plata se había agotado en la última encrucijada contra los hombres lobo que asolaban la región, y el plomo lo habían prohibido por que según los científicos de la Universidad Autónoma Alondrense UAA, ocasionaba que al matar al enemigo, los químicos del plomo entraban al torrente plasmático del alma, y esto causaba olores nauseabundos en la cuarta dimensión que obligaba a el alma, permanecer para siempre en el purgatorio porque ni en el cielo ni en el infierno querían recibir almas podridas. Así que los difuntos paramanenses muertos en acción, permanecían en pena asustando a los habitantes del Valle de las Alondras.

Rómulo Galeana se dio a la tarea de experimentar con muchos metales, pero ninguno estaba al alcance, ya que solo se encontraban en lugares lejanos, lo cual haría que la guerra fuera más costosa. Un día tuvo un sueño extraño en el que unas hormigas le comían vivo el cuerpo, fue así como se le ocurrió meter en un casquillo de bala percutida, a una hormiga soldado, un insecto provisto de mandíbulas enormes y fuerza descomunal para su tamaño. Cuando el ejército del Valle de las Alondras disparaban sus armas con balas de hormiga, los irritables insectos al sentir el calor del disparo se encolerizaban a tal grado, que al incrustarse en la piel del enemigo, la hormiga se fundía en las células del desdichado y se lo comía prácticamente vivo de adentro para afuera. Esto causó un gran temor en el ejército paramanense, ya que los gritos de dolor de los que eran alcanzados por las balas de sus contrincantes, se escucharan prácticamente en todo el pueblo. La autoridad civil y militar del Rincón de Páramo no tuvieron más remedio que claudicar y rendirse al ejercito del Valle de las Alondras

Durante muchos años, Rómulo Galeana tuvo muchas ideas para mejorar todos los aspectos de la vida de los habitantes del Valle de las Alondras. El gobernador no tuvo más remedio que extenderle una patente que le daba el derecho de explotar todos los hormigueros de la región, por que Rómulo Galeana siempre recibió solo diplomas y felicitaciones por sus aportaciones a la comunidad. Así fue que, en días posteriores, Rómulo Galeana recibió por mensajería, el documento que avalaba legalmente, la explotación de hormigueros para la fabricación de balas de hormiga para exportación. Rómulo Galeana le envió una carta al gobernador en donde le dice que la patente, la ha enmarcado con varas de apio y un girasol en el borde superior derecho, y que lo colgó frente a la taza de baño para acordarse del señor gobernador, cada vez que tuviera la imperiosa necesidad de desalojar la comida refinada por sus entrañas, ya que para cuando recibió el documento, las hormigas soldado se habían extinguido de la región. Rómulo Galeana le confesó al gobernador que los diplomas y derechos morales por sus obras, ya no le causaban mayor emoción, que él quería fuera tomado en cuenta para formar parte de su gabinete gubernamental y así poder hacer un patrimonio a la altura de sus aspiraciones. El gobernador le reenvío la siguiente respuesta …

– Eso es imposible, usted debe pensar en servir y no en servirse”-.

Rómulo Galeana le envío el documento de patente y los diplomas recibidos, invitando a la autoridad hacerlos rollos y se los regalara a la mas vieja de su casa. Rómulo Galeana decidió dedicarse a clonar avispas con hormigas soldado que trajo de una población cercana, con la intención de crear una bala que hiciera más daño en el enemigo, ya que creía que el producto de esta clonación, arrojaría un insecto con mandíbulas de hormiga y aguijón de avispa. Para ello también agregó a la formula, semen de unicornio para que el aguijón le saliera por la cabeza al fruto de este revoltijo, y así la bala de hormiga-avispa tendría doble efecto en el cuerpo del enemigo. Desde entonces Rómulo Galeana ha dedicado su existir, a la noble tarea de justificar su vida con cosas menos superficiales que esperar ser premiado por su inquebrantable don de crear.

Fin.

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