MIS ENSAYOS LITERARIOS

PRAXEDIS, EL BUEN SOLDADO.

– ¿Quién carajos es ese de la carabina pinta? –

Preguntó el General Armando de la Tijera, teniente del 8vo Batallón de Infantería aposentado en Durango bajo el mando del General Villa.

– Ah! mi sosteniente, ese soldao es PRAXEDIS LÓPEZ del merito Jiquilpan Michoacán – le contestó el sargento Navas -.

– ¡Cómo pelea el mondao ese!, como verdadero león, no hay pelón que quede vivo cuando PRAXEDIS se planta en el frente -.

El teniente de la Tijera quedó pasmado al ver pelear al soldado PRAXEDIS. No obstante caían cañonazos cerca de él, PRAXEDIS no se achicopalaba, seguía disparando bala tras bala, y en cada bala, un pelón muerto. Y todavía se daba chance de ir a socorrer a sus compañeros de tropa cuando sucumbían a los misiles del enemigo.

– «Ora» carnal, ya te torcieron estos Jijos del chueco Huerta. Véngase pa´ca mijo, súbase a mi lomo que ahorita lo llevo con el matasanos –.

Les decía PRAXEDIS a sus compañeros con la desgracia de haber recibido una bala en el cuerpo.

– Deje nomas que ese re-canijo pelón de la ametralladora deje de tirar bala, y ahorita mesmo le sacan el plomo que trae en sus adentros. Nomas no se me muera porque entonces pos no se cura -.

PRAXEDIS se rifaba la vida por sus hermanos de lucha, corría de una trinchera a otra, disparaba y quebraba pelones como matar moscos atrincherados en el rincón de una ventana, levantaba heridos, calmaba sus ansías por morirse rápido y no sufrir más, les daba buches de mezcal para calmar los ardores de las heridas, y si alguien finalmente se «petateaba», hasta rezaba por sus almas.

Esa mañana del 15 de diciembre de 1913, hacía un re-canijo frío en el desierto de Durango. El sargento Navas se levantó más temprano que de costumbre y avistó al teniente de la Tijera afeitándose plácidamente sobre un riachuelo, que por los deshieles de las montañas cercanas, llevaba algo de agua en sus caudales. Luego mientras preparaba un café, miró al soldado PRAXEDIS dormido junto a una fogata que no era fogata, era leña quemada pero había sido fogata hasta antes de las tres de la mañana, hora que por fin, se quedaron todos dormidos.

– Ah! pero que re-güenos están estos huchepos mi July, válgame Santa Lucía de La Paz, pero estas corundas están del chupete mamacita chula -.

El sargento Navas se carcajeo…

– Mi BUEN SOLDADO PRAXEDIS está soñando de vuelta con su Jiquilpan y su jefecita Julia – pensó en voz alta – que harta buena suerte que el generalísimo Cárdenas nos los «jaya» enviado a «peliar» a nuestro lado, que re-canija buena suerte «verda» de dios -.

En esas estaba cuando divisa un par de pelones que pecho a tierra, avanzaban con rumbo al teniente de la Tijera…

– «Órale» mi PRAXEDIS, a levántate que se van a ajusticiar al sosteniente -.

PRAXEDIS se paró como rayo y sin esperar orden, tomo el cuchillo cebollero con el que había estado matando alacranes la noche anterior, calculó distancias y con la cautela de un lince, se dejó ir tras los pelones justicieros y antes de que estos siquiera llegaran a tocar un pelo del teniente, PRAXEDIS les partió el corazón a los dos enviados por los federales para asesinar a Armando de la Tijera. Era astuto y bueno para la guerra. El teniente nomas vio como cayeron a su lado los agresores, con los ojos bien abiertos y senda herida en el pecho. Alzó la cabeza y vio al soldado PRAXEDIS limpiando la navajita de treinta y cinco centímetros de largo. PRAXEDIS con una sonrisa se dirigió a su superior y le dijo…

– Estos gachos ni siquiera respetan el sueño de uno, pos que no tantean que los soldados también soñamos y yo mi sosteniente … ah! si viera usted la hartada de huchepos y corundas que me estaba poniendo antes de que a estos se les ocurriera querer mandar al panteón a su merced, no hay derecho -.

De la Tijera observó alejarse a PRAXEDIS y al acercarse el sargento Navas le susurró …

– Este soldado es un re-cabrón demonio, dios me libre de ser su enemigo” -.

Hacia finales del año 1914, un jueves del mes de julio el sargento Navas pasa lista a la topa …

– Sósimo Buendía -.

– ¡Aquí presente mi sargento! -.

-Toribio Tejada -.

– ¡A la orden mi sargento! -.

-Praxedis López -.

-Praxedis López! -.

-¿Dónde diantres está el soldado López? – preguntó enojado el sargento Navas –.

-No se ha levantado mi sargento – contestó un miembro de la tropa – parece ser que está enfermo, suda harto, está muy pálido y no quiere comer ni tomar agua, lleva días postrado en el petate mi sargento -.

El sargento Navas dio el parte al teniente de la Tijera y este le ordenó levantar al enfermo pues se avecinaba un pelotón de federales y la batalla era inminente. El soldado PRAXEDIS se levantó, tomó sus armas, se colocó sus carrilleras y su sombrero de ala ancha, peinó su bigote y se comentó para sí mismo …

-Re-Jijos! esto que me quema por dentro no doblegará mis ansias de ir a quebrar pelones … «ora» verán canijos hijos de Huerta, ahí les voy -.

Hacía el medio día las hostilidades entre federales y el batallón de Armando de la Tijera estaba dándole harto alimento a las aves de rapiña, los caídos de uno y otro mando eran abundantes. Dos cañones y una ametralladora hacían presa fácil a los revolucionarios. PRAXEDIS se dio cuenta de esto y se deslizó por detrás de unos matorrales que cubrían unas pequeñas colinas muy cerca de las líneas federales, allí yacían cuatro pelones difuntos, abatidos por el aguerrido 8vo batallón de infantería. PRAXEDIS sentía que la inmensa debilidad de su cuerpo le jugaría una mala pasada, como pudo, le quito el uniforme a uno de los fallecidos y se vistió de federal …

-Re-cabrones pelones ya valieron «puritita» fregada – pensó PRAXEDIS – se enfiló al puesto de la ametralladora y de tres balazos abatió a los soldados enemigos. Tomó la pesada ametralladora y se fue sobre los que cañoneaban a su tropa. Disparo hasta aniquilar a todos, los cañones callaron. Armando de la Tijera da la orden de atacar. Adelanta sus filas en el frente y hace pedazos lo que quedaban del batallón federal. Al ver el sargento Navas quien había acallado a los que magistralmente manejaban los cañones y ametralladora, se quedó sin habla …

-«Ora» mi buen soldado … pues ¿qué hace usted vestido de pelón? ja ja ja ja -.

PRAXEDIS arroja una bocanada de sangre por la boca, mira fijamente a su sargento y le comenta con una sonrisa

-Mire usted mi sargento, estos malditos «creiban» que nos iban a quebrar a todos -.

-Vengase mi PRAXEDIS, creo que le metieron un plomo. Véngase mi buen soldado. Por vida suya, no se me muera que a luego como lo van a condecorar por tanta bravía de usted mero – le decía Navas mientras lo cargaba -.

PRAXEDIS murió en la enfermería. No le encontraron bala alguna, ni herida que causara su deceso. Armando de la Tijera, un hombre bragao, mal encachado y recio, esa tarde lloró …

-PRAXEDIS … Mi buen soldado…..como te vamos a extrañar. Hombres como usted, le vienen bien a nuestra causa y serán la perdición del mal gobierno – murmuró al pie de la sepultura de PRAXEDIS, el buen soldado.

Muchos años después, por orden del gobierno e interés de unos científicos extranjeros, exhumaron los cuerpos de algunos personajes de la revolución como el de Francisco Villa, por que según ellos querían estudiar su cerebro para ver en qué consistía tanta astucia. Las hazañas de guerra del soldado PRAXEDIS no pasaron desapercibidas, también él fue sujeto de estudios. En los partes de guerra de esa última batalla decían que PRAXEDIS no tenía heridas ni balas en el cuerpo. ¿Entonces, de que murió?, se cuestionaron los científicos. Al hacer una minuciosa investigación, hallaron la causa del porque en los reportes de la milicia revolucionaría, mencionaba la sangre que arrojaba PRAXEDIS por la boca …

Cáncer de páncreas !!!

Esa fue la causa de la muerte de PRAXEDIS.

-¿Con ese terrible mal en él y así fue capaz de pelear contra el ejército federal?- se preguntó el grupo de científicos – Válgame! … si, con razón Villa se refirió a él como ejemplo en varias ocasiones:

PRAXEDIS LÓPEZ, MI BUEN SOLDADO.

FIN.

2 Comentarios

  • BetoKamacho

    Probando, luego lo leo jajajaja
    Saludos

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    • Francisco Armando

      Saludos mi estimado.

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