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UNA VERDADERA HISTORIA DE AMOR

«Que sabes tu del verdadero amor si nunca has luchado las buenas batallas de la vida al lado de una mujer. Ella ha entregado hasta la última reserva de energía por su familia. Ella ha dejado todo por seguir a su esposo. Por esto y muchas palabras más que callo, ella merece en sus últimos días, no sufrir el dolor de perder al compañero de su alcoba, al compañero de su casa, al compañero de todas sus horas.» Fco. Armando Payán Guerrero 

UNA VERDADERA HISTORIA DE AMOR

Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana, mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno, sufrió un infarto y cayó.

Mi padre la levantó como pudo y, casi a rastras, la subió a la camioneta. A toda velocidad, sin respetar semáforos, la condujo hasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló; su mirada estaba perdida. Casi no lloró.
Esa noche, sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia, recordamos hermosas anécdotas y él pidió a mi hermano, teólogo, que le dijera donde estaría mamá en ese momento.

Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, y de conjeturas de cómo y dónde estaría ella.
Mi padre escuchaba con atención. De pronto pidió que lo lleváramos al cementerio …

-¡Papá! – respondimos – son las 11 de la noche, ¡no podemos ir al cementerio ahora! –

Alzó la voz, y con una mirada vidriosa dijo …

-No discutan conmigo, por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años. –

Se produjo un momento de respetuoso silencio, no discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador. Con una linterna llegamos a la tumba. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos, que veíamos la escena conmovidos.

-Fueron 55 años… ¿saben? Nadie puede hablar del amor verdadero, si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer. – 

Hizo una pausa, y se limpió la cara …

-Ella y yo, estuvimos juntos en aquella crisis. Cambié de empleo…- continuó – Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad. –

-Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de los seres queridos, oramos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores… Hijos, ahora se ha ido, y estoy contento, ¿saben por qué? …- 

-Porque se fue antes que yo. Ella no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto, que no me hubiera gustado que sufriera…- 

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado en lágrimas. Lo abrazamos, y él nos consoló …

-Todo está bien, podemos irnos a casa; ha sido un buen día. –

Autor desconocido. 

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